miércoles, noviembre 08, 2006

Kafka y Pessoa: la literatura como sino


Pessoa: o del arte de ser otro

El 29 de septiembre de 1929 la señorita Ofelia Queiroz recibió de su novio una carta en la puede leerse lo siguiente:

"Llegué a la edad en que se tiene el propio dominio de las propias cualidades... Es pues la ocasión de realizar mi obra literaria... Para realizar esa obra, necesito sosiego y un cierto aislamiento... Toda mi vida futura depende de poder o no hacer esto, y pronto. Además, mi vida gira en torno a mi obra literaria... Todo lo demás en la vida tiene para mí un interés secundario... Es preciso que todos, los que se tratan conmigo, se convenzan de que soy así, y que exigirme los sentimientos, muy dignos por cierto, de un hombre vulgar y banal, es como exigirme que tenga ojos azules y pelo rubio. Y estar tratándome como si yo fuera otra persona no es la mejor manera de mantener mi afecto... Me gusta mucho -pero mucho- usted, Ofeliña. Aprecio mucho -muchísimo- su índole y su carácter. Si me caso, no me casaré sino con usted. Resta saber si el matrimonio, el hogar (o como quiera que le llamen) son cosas que se concilien con mi vida de pensamiento. Lo dudo. Por ahora, y pronto, quiero organizar esa vida de pensamiento y de trabajo mío. Si no consigo organizaría, claro está que nunca siquiera pensaré en pensar en casarme. Si la organizo en términos de ver que el matrimonio sería un estorbo, claro que no me casaré. Pero es probable que no sea así. El futuro -y es un futuro próximo- lo dirá... Su muy afecto, Fernando."

Se trata de Pessoa, quien no se conformó jamás con ser el mismo hombre todos los días. Así, para poder escribir otra vez y desde otra perspectiva, le era necesario transformarse, ser otro, inventarse otra biografía y, dentro de sus creencias metafísicas, otra carta horoscopal. Fue, paradójicamente, un “desconocido de sí mismo”; vivió siempre entre personas fantasmales a las que él mismo dibujaba en el papel y que, con el tiempo, llegaron a tener tanta o mayor presencia material que su creador. Hoy día, por ejemplo, la crítica literaria discute quién es mejor poeta entre sus diversos heterónimos, si Campos, Reis, Caeiro o el propio Pessoa. La invención de personalidades la llevó más allá de la literatura, en sus relaciones amorosas se cuenta que el poeta no siempre visitó a Ofelia Queiroz como Fernando, a veces enviaba en su lugar a su heterónimo el ingeniero naval Álvaro de Campos, quien, en definitiva, se dice que tuvo mucho que ver con el rompimiento de la pareja.

Ya puestos a comparar, contrario a la gravedad y/o afectación en las cartas de Kafka, en las de Pessoa resalta cierto gesto de superioridad, el poeta portugués no admite que se le trate como a un hombre vulgar o estereotipado, se niega rotundamente a que los demás quieran “obligarle a tener los ojos azules”. Pero en ellas también se pone sus máscaras y se permite, por ejemplo, la ternura del retozo y el uso cordial del diminutivo al nombrar a su novia: “Ofelita, bebecito, amorcito mío, Nenita”... Por otra parte, sin embargo, la posición frente al dilema matrimonio /literatura es fundamentalmente la misma que la del escritor checo. Pero, a diferencia de Kafka, Pessoa no se auto inflige jamás y parece evidente que el matrimonio no es para él una obsesión, como parece serlo para K., aunque éste no quiera reconocerlo.

De otro lado, en relación con los heterónimos, en una carta dirigida a Adolfo Casáis Monteiro, Pessoa escribe: "El origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación... Desde niño tuve la tendencia a crear en torno a mí un mundo ficticio, de rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron. (No sé, bien entendido, si realmente no existieron, o si soy yo quien no existe. En estas cosas, como en todas, no debemos ser dogmáticos)..." Dos palabras a destacar: despersonalización y simulación; contra esa definida unidad que socialmente se espera de la persona, ésta deja de ser un solo rostro y al disfrazarse se multiplica. Pessoa se difumina y se reafirma en la ficción, entre sus personajes-escritores, y acaso bajo la influencia del budismo, pone en duda la propia existencia del yo... Cada heterónimo del poeta es una máscara, una pieza de palabras para ocultar o disimular el rostro del hombre, y desvelarlo. Así, en él, la negación del sujeto es su afirmación.

Según la propia Ofelia, el suyo con Pessoa fue un "noviazgo inocente, hasta cierto punto igual al de todo el mundo, aunque Fernando nunca hubiese querido ir a mi casa, como era normal en cualquier novio. Y que a propósito argumentaba: "Sabes, es preciso comprender que eso es de gente vulgar, y yo no soy vulgar." Y ella lo comprendía y lo aceptaba exactamente así, como él era. De otra parte, también relata que él le indicaba muchas veces: "No le digas a nadie que somos novios, es ridículo. Nos amamos." Y que Fernando era un poco confuso, principalmente cuando se presentaba como Á. "Hoy, no he sido yo el que ha venido, ha sido mi amigo Álvaro de Campos..." Comportándose en tales ocasiones de una manera totalmente diferente a lo que era habitual dentro del noviazgo. Sí, asumía su máscara de nuevo, fuera de la literatura: "Disparatado, diciendo despropósitos. Un día, nos sigue contando Ofelia, cuando llegó a mi lado, me dijo: "Traigo una incumbencia, señora, la de meter la fisonomía abyecta de ese Fernando Pessoa en un cubo de agua." A lo que ella replicó: "Detesto a ese Álvaro de Campos. Sólo quiero a Fernando Pessoa."

Al final, Kafka y Pessoa se casan... con la Literatura

En P. y K. hay, evidentemente, cierta rebelión definitiva frente al mundo. La introspección los convierte en otros. La realidad externa, el mundo, les es intolerable: todo, todos, atentan contra el espacio que buscan. Frente a tales circunstancias, sin amor, ambos abdican, ambos arriesgan la vida, se recogen, se juegan el tiempo presente... De ahí la metamorfosis y la teatralidad del sujeto y su discurso: Pessoa es una serie de máscaras (poetas heterónimos que juegan al vacío y a decir, desde el tedio existencial, lo indecible); Kafka, una serie de pellejos y caparazones (toda una fauna indefensa que resiste, a merced de los hombres, la absurda maquinaria del orden establecido). Pudiera decirse que en K., el sujeto, la máscara, se rebaja a la condición de animalejo: la metamorfosis es vertical hacia abajo. En P., la persona, la máscara, se multiplica en iguales: la metamorfosis es horizontal, hacia los lados.

A diferencia de sus pretendientes, Felice y Ofelia son mujeres normales, vale decir de este mundo. A ellas no se les ocurre amanecer convertidas en insecto, ni tampoco cambiar nombre y biografía para escribir uno u otro poema. Pero, ¿qué tienen O. y F. para ser esposas imposibles? El 'problema' no está realmente en ellas; ambas incluso llegaron a estimular la producción literaria de sus novios, lo cual en verdad era irremediable porque, por encima de todo, el sino de Kafka y Pessoa no era otro que la Literatura.

Y respecto a la vida, ¿cómo entonces definirlos? ¿Acomplejados? ¿Esquizofrénicos? ¿Neuróticos? ¿Egotistas? ¿Histéricos? ¿Antisociales? …Son pequeños dioses de uno y mil rostros malditos. La psicología o la sociología podrán limitarlos como gusten; pero todo aquel que les conoce desde sus obras sabe que, como Creadores, ellos desbordan los moldes. Por eso, bajo el hongo del sombrero y en silencio, ambos coquetean con la puta eternidad, ambos toman la palabra y escriben, ambos erigen murallas frente al mundo... y se enamoran y se casan con la literatura, y tienen hijos-libros y mueren. Y por esos hijos, de pronto, sin enterarse siquiera, son inmortales ante nosotros los dos, a su pesar.

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Segunda y última parte del ensayo KAFKA Y PESSOA: LA LITERATURA COMO SINO, que publiqué en el número 3 de la Revista del Círculo Literario El Aleph, Santo Domingo, mayo del 2000.

6 comentarios:

Montirul dijo...

que interesante ta esto..

1234567ycasillego dijo...

me encantan las personalidades de pessoa! en sus escritos....como cada uno tiene una forma distinta ....de sentir

El Peregrino dijo...

Interesante, Anya, curioso... la realidad danzando en los límites de la ficción, la ficción jugando con la realidad... las personalidades de Pessoa, como dice Sabrina, las despersonalizaciones de Kafka, las novias confundidas, pura literatura: mundo de las palabras, realidad de los que no se conforman con el poco mundo que nos dieron...

Pablo Gómez dijo...

Muy bonito.

emilia dijo...

A mí Fernando Pessoa siempre me pareció un Franz Kafka a la portuguesa (o Kafka un Pessoa a lo germánico). Es curioso porque ambos fueron contemporáneos, o sea, que podrían haberse conocido, pero no me consta que se conociesen y ni siquiera que se leyeran. Pero desde el punto de vista de su ideosincrasia, aprecio concomitancias muy claras en la personalidad de ambos escritores, y eso que Kafka se proyectó en narrativa y Pessoa en poesía y pensamiento reflexivo (libro del Desasoeigo). Me gustó tu texto. Saludos desde Argentina.

emilia dijo...

Mil perdones por mi dactilografía. Es "Livro do Desassossego" en portugués y "Libro del Desasosiego" en español.

Saludos bis.