miércoles, diciembre 30, 2009

Canción (en tiempo de rap y reguetón) para cantar otra canción

LA CALLE TIENE DIENTES
MI GENTE
(sé prudente)
hay que tener cuidado
mi hermano

¿no te enteraste?
¿no te contaron?

la historia de los pobres banquero
cuatreros
con mucho dinero

la de los pastores gozosos
lividinosos
muy bondadosos

la de los empresarios sindicalistas
y chantajistas
gente muy lista

o la de los partidos
bandidos
y sus dirigentes
tan "serios", "prudentes"

todos tan preocupados
y osados
por el progreso
y el peso
de sus bolsillos
de pillos

traviesos
golosos
obsesos
maleantes
taimados
avaros

querían más
soñaban más
buscaban más
tomaron más
y un poco más
y mucho más

hasta que
secaron la fuente
mi gente

hasta que nos fuñeron a todos
por bobos

ah
la calle es peligrosa
grimosa
hay que pisar bien fino
mi amigo
uno no sabe
lo que le espera
afuera

con un discursito
meneando la cola
con un tratadito
con una pistola

no tiemblan
no temen
son fieros
guerreros
los amos
del viento
desfalcan
se mofan

y matan
y rezan
y traman
espantos

y yo pintando caracoles
y tú en el aire suspirando

con un escalpelo
con un maniquí
con un caramelo
con un maletín

pero ¿no vamos a plantarnos de una vez
no vamos a inventar otra nación
no vamos a abrazarnos otra vez
no vamos a cantar otra canción?

y que se rasquen la cabeza los cajeros
y algunos hombres grises esperando
y que hiervan los capos en su templos
y se pudran en silencio funcionarios

la calle está muy dura
mi chula
hay muchos delincuentes
mi gente
pero hay que salir
hay que vivir
sobrevivir

así es la vida
movida
abajo y arriba

el que no arriesga
no gana ni paga
mi pana

no cesan
no ceden

los dueños
del tiempo
son crueles

prometen
olvidan
se lavan
las manos

depredan
sonríen
y traman
espantos

y yo en el aire dibujando
y tú leyendo los arcanos

pero ¿no vamos a plantarnos de una vez
no vamos a fundar otra nación
no vamos a besarnos otra vez
no vamos a escribir otra canción?

y que se rasguen la camisa los banqueros
y los cómplices se quiebren tiritando
y que tiemblen presidentes traicioneros
y se pudran en silencio los corsarios

pero
¿no vamos a plantarnos de una vez
no vamos a fundar otra nación
no vamos a pensarnos otra vez
no vamos a cantar otra canción?

domingo, noviembre 08, 2009

La dominicanidad emergente

Muchas, muchísimas, demasiadas cosas, casos, para sumirse en el desaliento, para despotricar contra el Estado, y contra el estado en mal estado del mundo, del continente, de la isla, del país, de la ciudad, del barrio… Demasiadas expresiones del absurdo, del caos, de la corrupción, del cinismo, de la ignorancia, de la pobreza material, de la insolvencia moral, de la indigencia espiritual… Demasiadas manifestaciones de la inteligencia desplazada, de la indiferencia, de la ineptitud, de la complicidad, de la injusticia social…

Pero entre hojear por ahí y ojear por allá, me encuentro con un rostro, cara bonita, juvenil, y con unas palabras, sapiencia y madurez, y me asombra la conjugación (no abunda en nuestros días, por estos lares)… La chica habla de política, le echa un ojo al mundo, reflexiona, asume una posición, revela una personalidad, cuestiona, propone…

Con la curiosidad por delante, me sirvo de la tecnología e indago un poco: ¿quién es, qué hace, de dónde viene, para dónde va? Etcétera. Y de pronto me encuentro con un blog y una carta, y de paso con un padre y una hija, dominicanos ambos, en otra onda, con otro perfil: Alberto y Crystal Fiallo.

Ciertamente, la red está repleta de antivalores dominicanos, de noticias y reguetones lacerantes, pero también de valores y discursos edificantes. Hay la necesidad de conocerlos todos (nada humano ha de sernos ajeno), pero la sabiduría recomienda siempre la necesidad de identificarse con la palabra que nutre, que salva, que reinventa la belleza de ser…

Para recuperar nuestra humanidad pisoteada, no nos queda otro camino que volver a nuestros orígenes buscando orígenes nuevos, que identificarnos en nuestros grandes hombres y mujeres, que recuperar los nobles ideales que dieron origen a nuestra república y por los que han luchado nuestros hombres y mujeres de cultura: reinventarnos en fin, y en esto cada uno tiene el deber de poner su granito de arena, de decir su palabra a tiempo.

Bienaventurados, pues, los que tienen ojos para leer y leen, oídos para escuchar y escuchan, cerebro para entender y entienden, voluntad para crear y crean, puesto que ya lo dije en algunos versos por ahí: hay tanta tristeza por delante, hay tanta rabia contenida y nos debe tantas promesas este mundo…

Aquí les dejo la carta del padre a la hija, dominicanos ambos, espejos de otras voces, saludables y salutíferas, ejemplos de la otra gran nación que quiere y espera emerger y sobreponerse a la cotidiana transparencia del mal y a las malas mañas de tanta gente desagradable que nos rodea…



Jueves 1 de enero de 2008

Papá me escribió en la noche vieja esta carta.

La partida de un año siempre es motivo de alguna sensación de melancolía, tristeza, o simplemente reflexión. Despedirse de un ciclo de vida donde se aglutinan recuerdos, vivencias, emociones, logros y hasta fracasos, no es fácil para nadie. Lo que sí me resulta extraño, y me ha resultado durante mucho tiempo, es cómo se sienten los años nuevos de nuestros padres. Es decir, qué les ocurre, qué les viene a la cabeza mientras observan que los sucesos mundiales se repiten una y otra vez y sus hijos e hijas viven las mismas penas, alegrías e ingenuidades típicas de novatos.

No sé si a ustedes les pasa igual que a mí pero cada vez que recurro donde papá o mamá para contarles de alguna peripecia laboral, profesional o simplemente jovial, ellos siempre tienen las respuestas precisas y exactas: ni más ni menos. Claro, muchas de las respuestas que nos ofrecen nuestros viejos hay que acomodarlas a la época (por ejemplo: deberías ir al malecón con un tocadiscos a meditar: agarras el ipod y caminas por la zona y listo, adecuaste las épocas) pero esa es la parte divertida.

Papá y Mamá siempre han estado muy preocupados por el tema de la motivación al compromiso social de las nuevas generaciones y de cómo todos debemos colocarnos en la suela de los zapatos de los demás. La humildad, la solidaridad, la empatía, tolerancia, respeto y patriotismo han sido la zapata de nuestro hogar. Hoy por hoy me siento en el compromiso de transmitir toda esa enseñanza y preocupación a mis lectores/as.

Papá nos ha escrito una carta; simple, directa, real y sin rodeos. Hoy la comparto con ustedes pues entiendo que estos deseos son, si no idénticos, al menos similares a los de todos los padres y madres de la generación de papá que no son más que aquellos individuos que nos abrieron las puertas a una sociedad más libre, despierta y resistentes a la indiferencia en muchos años viejos.

Les regalo esta carta, porque es tanto mía como de mis hermanos y mis primos, y puedo hacer con ella lo que quiera. Saboreando todos esos anhelos paternos sentirás que nuestros padres piden a gritos que no pernoctemos frente a la terrible y posible caída sin reparos del “muro de los valores”.

Lo que le pido a la Vida para mis hijos y sobrinos
en la Noche Vieja del 2007

Alberto Fiallo Billini

Que descubran que hay un hogar grande, el Hogar Planetario, que está hecho de una casona muy grande, la Tierra, en un vecindario muy grande, el Universo, en la que habita una familia muy grande, la Humanidad, a la que pertenecen todas las personas que han existido, existen y existirán y que conocen y no conocen. Porque cuando acepten esa idea sentirán que son habitantes de la Tierra, no de un pedacito de ella, y que pertenecen a la Humanidad y no a un grupo de ella. Entonces, nada que dañe a la casa y a la familia de todas las personas pasará desapercibido y todo lo que las proteja será profundamente significativo para ellos.

Que descubran y aprendan a escuchar a sus conciencias y que acepten la idea de que la Conciencia debe ser ese espacio existencial donde nos conectamos con el Hogar Planetario.

Que acepten que ser bueno no es ostentarlo ni parecerlo, es ejercer la bondad, o sea, desear, buscar y amar en la Persona Humana lo fraterno, lo generoso, lo solidario, lo libre y lo justo, así como la búsqueda de la igualdad y la equidad. Por ello, traten de descubrir que pueden encontrar la felicidad a través de no aislarse del resto de la Humanidad y en la forma en cómo se entregan a los demás, sobre todo cuando buscan el bien para los que más lo necesitan y luchan por ello.

Que acepten que la honradez no es un producto mediático ni una herencia invertebrada, que ni es un ropaje ni una pose, que no es la propiedad de una marca, que no es decoración de exteriores ni talante para la cobardía y que la honradez no existe sin patriotismo. Que asuman que la honradez es compromiso, es riesgo, valentía, es darse a los demás, que es saber sufrir cuando ella misma, la honradez, es despreciada, ridiculizada, ignorada o castigada.

Que acepten con humildad que la ignorancia no es mala porque la sabiduría es saber que falta mucho por saber y que lo importante al procurar conocimientos es conocer a quienes sirven o des-sirven y que esos conocimientos son propiedad de la Humanidad que fue quién los construyó y los acumuló.

Que descubran que donde hay amor nada hará falta y que el perdón es el rostro más honesto del amor.

Que descubran que la esperanza no es una fuerza pasiva, que es compromiso, lucha, persistencia y resistencia, por lo que es verdad lo que decía Agustín el santo: tiene dos hijos, la ira y el valor.

Que acepten la idea de que deben y pueden ser mejores cada día, que esa es una tarea de todos los días y que la calificación final al resultado de ese empeño la debe poner la propia conciencia y que frente a ese veredicto poco importa lo que piensen o digan los demás sobre todo si es lisonja.

Que la Paz es el respeto al derecho ajeno y a la diversidad humana, así como la protección, desarrollo y mejoría de los espacios de lo público.

Que el valor de lo que damos está en darlo sin que nos lo pidan y que la mejor medida de lo que damos está en que sea mejor de lo que hemos dado con anterioridad.

Que acepten que el trabajo y la felicidad deben ir de la mano, por lo que debe apasionarles procurar trabajo de calidad para todos y todas e igualar las oportunidades de lograrlo, para generar riquezas medidas por el grado de protección social y la satisfacción de las necesidades de las personas, las familias y las comunidades”.

La vida es la oportunidad perfecta para trabajar y luchar por ella. La vida es un espacio para recordar por qué vivimos y morimos. La vida es la ventaja que tenemos ante los muertos que apenas llegaron a conocerla. La vida es el tiempo exacto que tenemos para dejar una huella que perdure por siglos y siglos.

Daría lo que fuera porque todos/as los ciudadanos/as comprendieran al menos un 30% de esta carta y empezaran a ponerlo en práctica en este nuevo año 2008, que de por sí será bastante controversial. Gracias Papá por tus deseos: ahora son mis deseos para todos/as.

...

¡Salud a los Fiallo y a todos los dominicanos de buena voluntad!

domingo, octubre 04, 2009

Gracias a Mercedes...

I

Gracias a la vida
que nos ha dado tanto
nos dio a Mercedes
y su hermoso canto.

Descanse en paz su cuerpo.
Y su voz, que siga vibrando...

II

Gracias también a Joaquín
Sabina, que nos concede
la emoción de compartir
"Violetas para Mercedes":

"Se nos murió la gran dama,
Negra Sosa, pacha mama
de Corrientes,
que bordó puntos y comas
en las prisas del idioma
de la gente.

Martina Fierro de ley
que sin dios, patria ni rey
tiró p’alante,
antes de decir adiós
me propuso un blues a dos
voces distantes,

distintas, y, sin embargo,
cerquita del ron amargo
que consuela,
que abruma, que mortifica,
que suma, que santifica,
que desvela.

Cuando rompió la baraja,
hizo del bombo su caja
de Pandora,
entre el mestizo y el yanqui
se quedaba con Yupanqui
hasta la aurora.

Todos menos uno, dijo,
provocando el acertijo
de Cosquín,
militante del futuro,
no pudo con ella el muro
de Berlín.

Canto ancestral de Argentina,
la más frutal de las minas,
todo es nada,
no sabe cómo la lloro,
desafinando en el coro
de las hadas.

Madrina de los roqueros
más intrusos, más villeros,
menos brutos;
en calle melancolía
mi letra y su melodía
visten de luto.

Más de una vez la besé
pero nunca olvidaré
la noche aquella:
aquel piano y su voz
y mi sonanta y la coz
de las estrellas.

Me aterran las despedidas
pero gracias a la vida
de Violeta,
Mercedes inventó el son
que duerme en el corazón
de los poetas"

jueves, agosto 20, 2009

Orlando Muñoz: "Nos debe tantas promesas este mundo"


He aquí la entrevista que me hiciera la periodista Yaniris López, del Listín Diario, a propósito de mi último libro...

EN “SANTO DOMINGO, AÑO CERO Y EN CURSO…”, SU SEGUNDO POEMARIO, EL JOVEN AUTOR Y PROFESOR DESCRIBE LAS MISERIAS DEL PAÍS Y PROPONE INVENTAR OTRA NACIÓN

Santo Domingo.- ¿Puede la poesía ser desgarradora y exquisita a la vez? ¿Cruel y esperanzadora al mismo tiempo? ¿Es posible desnudar con palabras el lado más oscuro de una ciudad, de una república, que según la historia debió gozar de mejor suerte, y hacerlo con gracia, ritmo y formas perfectos? El joven autor dominicano Orlando Muñoz lo ha conseguido en “Santo Domingo, año cero y en curso…” (Ángeles de Fierro, 2009), su segundo libro de poesía.

En 20 poemas en los que caben todas las sensaciones, todas las formas expresivas (incluidos versos de ensueño, gritos y maldiciones), Muñoz pasa de la rabia infinita que le provoca observar el estado “cero permanente” en que está sumida Santo Domingo a proponer una nueva nación que saque de la inercia a los dominicanos y los obligue a plantarse, a abrazarse, a jugarse la esperanza. LISTÍN DIARIO conversó con él.

- Pintas un Santo Domingo espantoso que agoniza en sus miserias. Incluso te atreves a echarle en cara a la ciudad muchas situaciones. ¿Qué te provocó tanto pique que decidiste convertir en arte temas cotidianos que distan mucho de inspirar poesía?

En verdad me parece que, en este caso, la realidad supera al arte. A mi entender, apenas he representado una muestra de las desmesuras a que se expone la condición humana en nuestra isla y en nuestra ciudad. De hecho, una simple lectura de la prensa dominicana un día cualquiera resulta ser, con frecuencia, una experiencia más desgarradora para el espíritu que lo que sugieren mis versos. El caso es que nada hay que deba ser ajeno a la poesía, que procede de la vida y vuelve a ella, inexorablemente. Predomina lo espantoso, es verdad, pero le opongo la esperanza, la justicia, el amor…

“He aquí la tierra reiteradamente violentada. He aquí la república en su año cero permanente”. ¿Qué es estar en un año cero permanente?
Es estar a punto de ser algo y no lograrlo. Pero el cero es ambiguo: expresa al mismo tiempo vaciedad, nulidad, insignificancia y, curiosamente, representa también el punto de origen en una escala. La nada y la posibilidad de alguna cosa, sin que una se imponga a la otra… pero el tiempo pasa y no definimos ningún rumbo.

- Recurres a otros poemas, a otros poetas, a personajes de la historia dominicana como si les pidieras redención…

Sí, se trata de un diálogo con nuestro ser en el tiempo. Con los hombres y las mujeres que han cuestionado y tratado de definir nuestra identidad; con nuestros patriotas y nuestros poetas, cuyos ideales han sido traicionados de mil maneras desde 1844 hasta la fecha. Reivindicar esos ideales es el primer paso necesario hacia la redención posible de nuestra sociedad, decepcionada hasta la saciedad por la avaricia y la corrupción.

- En ocasiones explotas junto con las letras. Es un poco impactante, porque una no puede evitar ir subiendo el tono contigo, agitarse, atormentarse y luego maldecir y explotar contigo, hasta que llega la calma. ¿Estamos asistiendo a una nueva poesía, a una poesía con movimiento, dura, más realista, menos idílica? ¿O es la misma de siempre con letras nuevas?

Así nos sentimos a veces, como materia repugnante, como el insecto kafkiano, en una sociedad que te cierra con frecuencia tantas puertas. No estoy seguro de que se trate de una nueva poesía, digamos que es mi manera personal de leer y escribir el mundo que nos rodea y nos provoca. Y como el mundo que habitamos dejó de ser idílico hace siglos, la auténtica poesía también.

Nada parece escapar a tu rabia: ni los políticos, ni los golpes de barriga, ni los golpes de vagina, ni los “diarios que aturden a la gente y luego engrosan enormes vertederos”.

Podríamos decir que todos ellos contribuyen de cierta manera a desdibujar el mundo que habitamos. Expresan sus miserias, su desequilibrio, el grado cero de lo social: lo antisocial por excelencia. Pero si te fijas bien, no todo es negativo; hay atisbos de otro tipo de realidad en mi libro: “Un sí biológico y fraterno se impone / la voluntad del niño / contra la muerte…”. De hecho, el amor, en tanto experiencia creadora fundamental, es el fantasma que se busca, se cuela y se propone desde el principio y hasta el final del libro…

- ¿Desahogo personal? ¿Una llamada de alerta? ¿Para quién escribes?
Escribo para mí y escribo para los demás. Puesto que la escritura es acto social, desde el cual uno mismo dialoga con el otro, con el prójimo y con el extraño. Con esa otredad tan diversa que trasciende tiempo y espacio. En fin, a través de mis poemas dialogo con los hombres y las mujeres que me precedieron, que me rodean y que me sucederán.
Ellos dijeron su palabra, la dicen y la dirán; y al entrar en relación dialéctica con ellos, yo digo la mía. Y la digo por necesidad, por urgencia, por amistad con la vida, por combatir el silencio, que suele ser amigo de la muerte…

- Dices: “Nos debe tantas promesas este mundo”. ¿Cuáles? ¿Qué tipo de promesas? ¿Esperas verlas cumplidas algún día?

En el ejercicio de la política y la religión, por sólo mencionar dos de las actividades de mayor incidencia en la vida de las personas, se nos ha prometido tantas cosas: paraísos, progreso, amor, justicia, pan, techo, libertad, armonía, trabajo, respeto, paz, democracia, verdad… y sin embargo, se ha mentido tanto, se ha manipulado y estafado tanto, que pareciera que todo esto es imposible, que no es más que pura utopía, algo sin lugar en la realidad.
Pero procurarlas da sentido a la existencia. Lo que esperamos es que podamos vivir en un mundo más equilibrado, más equitativo, con menos incoherencias entre las palabras y los hechos. Yo no sé si un día podremos ver cumplidas todas las promesas, pero creo que tenemos derecho a procurar hacer realidad nuestros ideales de justicia y a exigir que no nos mientan tan descaradamente como lo hacen día a día…

POETA, ENSAYISTA Y PROFESOR

Orlando Muñoz nació en Laguna Salada, provincia Valverde. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y posee una maestría en Gerencia Educativa por la Universidad Iberoamericana. Es profesor de Lengua Española en el Colegio Jaime Molina Mota y en la UASD. Ha publicado dos libros de poemas: “Entre pétalo y espina” (2007) y “Santo Domingo, año cero y en curso…” (2009) y un libro de enseñanza de la lengua, así como poemas y ensayos en once números de la revista del Círculo Literario El Aleph y en tres publicaciones del Taller Literario César Vallejo. Actualmente tiene en proceso de edición otro libro de poemas y a punto de terminar otro libro de carácter académico. Aunque hasta el momento se ha decidido por la poesía, la canción, la didáctica y el ensayo, “para el futuro, si las musas me acompañan, también podría dar a conocer teatro y narrativa”, dice Orlando…

domingo, julio 12, 2009

De la soledad y su poema

Antes del bostezo
El bostezo mismo

Después del bostezo
Un poema imposible

¿El sentido del tiempo?
La evaporación silenciosa del yo
La búsqueda y sus desencuentros
Eso que fluye, lentamente, invisible

Pero
¿Acaso no cabe mi cuerpo en algún abrazo?

He aquí un color aún no iluminado
He aquí un rincón sin habitar
El atisbo de un beso atrapado en el deseo

Y entonces
¿Qué le voy a contar a las horas?

En verdad no lo sé

Este poema es su propia soledad
Su propio misterio…

lunes, mayo 18, 2009

Adiós al cuerpo del poeta

El cuerpo del poeta desaparece, no su alma: la poesía sobrevive. Mario Benedetti, físicamente se nos acaba de ir, pero sus palabras quedan como testamento irrefutable de un gran hombre, de una conciencia sensible, aliada de los más nobles ideales humanos. Sus poemas acompañaron, acompañan y acompañarán a tantos hombres y mujeres, por lo que no nos queda más que agradecerle eternamente por ser y estar, por habitar el mundo de una manera tan hermosa. Quisiera recordarlo ahora con este poema, que testimonia su dolor, su amor, su compromiso con el prójimo:

DESAPARECIDOS

Están en algún sitio / concertados
desconcertados / sordos
buscándose / buscándonos
bloqueados por los signos y las dudas
contemplando las verjas de las plazas
los timbres de las puertas / las viejas azoteas
ordenando sus sueños sus olvidos
quizá convalecientes de su muerte privada

nadie les ha explicado con certeza
si ya se fueron o si no
si son pancartas o temblores
sobrevivientes o responsos

ven pasar árboles y pájaros
e ignoran a qué sombra pertenecen

cuando empezaron a desaparecer
hace tres cinco siete ceremonias
a desaparecer como sin sangre
como sin rostro y sin motivo
vieron por la ventana de su ausencia
lo que quedaba atrás / ese andamiaje
de abrazos cielo y humo

cuando empezaron a desaparecer
como el oasis en los espejismos
a desaparecer sin últimas palabras
tenían en sus manos los trocitos
de cosas que querían

están en algún sitio / nube o tumba
están en algún sitio / estoy seguro
allá en el sur del alma
es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy vaguen preguntando preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque vienen del odio

jueves, abril 16, 2009

Conversatorio y Recital en la Feria del Libro

Sobre el poemario
"Santo Domingo, año cero y en curso…"
de Orlando Muñoz

el jueves 23 de abril a las 5:00 p.m.
en la Feria Internacional del libro
Santo Domingo 2009

domingo, marzo 29, 2009

PEDRO PÁRAMO: LA PIEDRA Y EL POLVO

A “Pedro Páramo”, la célebre novela de Juan Rulfo, más que como “desorden estilístico” (expresión que se presta a confusiones), hay que verla como un “modelo para armar”, algo más que un simple rompecabezas, un rejuego narrativo de espirales y superposiciones de espacio y tiempo. Dentro de su gran economía de recursos, la novela precisa de lo que también Cortázar denominaba “lector cómplice”, cuasi detective, dispuesto a seguir el juego literario: reteniendo datos, atando cabos, recomponiendo la historia… Pues Rulfo dejó en cada fragmento pistas significativas que permiten al lector reestructurar y comprender, poco a poco, la trama de la novela.

La reseña que sigue la publiqué en agosto de 2000, en el número 4 de la revista del Círculo Literario El Aleph:


Comencemos por el final: ''Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras''. De esa manera se consuma la existencia de Pedro Páramo, “un rencor vivo”, a decir de Abundio Martínez, su hijo, su victimario. Y así se cierra y así se abre a la imaginación de los lectores la que, en palabras de Jorge Luis Borges, ''es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de la literatura''. “Pedro Páramo” fue publicada inicialmente en 1955 y es la obra maestra del mexicano Juan Rulfo. Y lo es en virtud de múltiples y variados elementos; sobre todo porque rompe desde varias configuraciones con la narrativa documentalista que le precede y porque marca, al mismo tiempo, a partir de una fabulación maravillosa, una visión renovadora del discurso novelístico hispanoamericano.

La estructura de la novela presenta sesenta y nueve fragmentos (o capítulos, sugeridos por espacios en blanco). Éstos aparecen sin hilos narrativos lineales y sin seguir la continuidad cronológica normal, puesto que cada fragmento pertenece a distintos planos del relato, debido al tratamiento subjetivo del tiempo en el discurso de los personajes, lo cual permitió al autor crear toda una historia mágico-fantasmal que socaba la realidad y que precisa para su decodificación de un lector cómplice, cuasi detective, dispuesto a armar el rompecabezas de la novela.

En cuanto al relato, pudiéramos dividir la obra en dos partes: la primera abarcaría desde la llegada de Juan Preciado a Comala, en busca de su padre, hasta su muerte, días más tarde. Aquí la narración aparece en primera persona, centrada en Juan Preciado. La segunda parte sería la que presenta la plenitud y la decadencia del poderío de Pedro Páramo, los recuerdos y delirios de Susana San Juan, la única mujer que Páramo amó sobre la tierra y, finalmente, la dramatización de la muerte de ambos.

Hay una serie de aspectos esenciales que definen la escritura de Rulfo, a saber: presencia fantasmagórica de ambientes y seres devastados, economía y penetración lírica del discurso, predominio de la oralidad a través del diálogo y del monólogo interior, tiempo circular de las acciones, juego de planos narrativos, entrelazamiento de lo irreal y lo real, de la muerte y de la vida, predominio de la subjetividad de los personajes y visión pesimista de los mismos, a veces marcada por migajas de humor amargo, corrosivo, que llegan de la aceptación de la realidad, del desamparo y de la muerte.

Todos los personajes de la novela son fantasmas, hablan de la vida desde la muerte, su ser en el tiempo queda definido por la dureza de la piedra, Pedro Páramo, y la desoladora vulnerabilidad del polvo, Comala. Porque para este pueblo desgraciado, la injusticia es el nombre de la realidad: ''El caso es que nuestras madres nos malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Páramo'', dice Abundio, el arriero. Quien más tarde, frente a la muerte de su mujer, habrá de emborracharse e irá delante de Pedro Páramo a pedir una limosna para enterrar a la muerta. ''Sé que dentro de pocas horas vendrá Abundio con sus manos ensangrentadas a pedirme la ayuda que le negué. Y yo no tendré manos para taparme los ojos y no verlo. Tendré que oírlo; hasta que su voz se apague con el día, hasta que se le muera su voz.''

Asimismo, todos los personajes de Rulfo son derrotados por el tiempo:

Doloritas (''siempre vivió ella suspirando por Comala, por el retorno; pero jamás volvió'').

Juan Preciado (''me trajo la ilusión...'' ''me mataron los murmullos'').

Dorotea (''¿La ilusión?. Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido'').

Toribio Aldrete (luego de emborracharlo y ahorcarlo, ''condenaron la puerta, hasta que él se secara; para que su cuerpo no encontrara reposo'').

Eduviges (''se suicidó'' ''y sus muecas eran los más tristes gestos que ha hecho un ser humano'').

El Padre Rentería (''–¿Se siente mal?/ –Mal no, Ana. Malo. Un hombre malo. Eso siento que soy.'').

Fulgor Sedano (a quien los revolucionarios ''lo mataron cocorriendo”, según el tartamudo, “murió cocon una pata arriba y otra abajo.'').

Miguel Páramo (''–Démosle gracias a Dios Nuestro Señor porque se lo ha llevado de esta tierra donde causó tanto mal...'').

Damiana Cisneros (''Deshizo su cruz. Ahora se había caído y abría la boca como si bostezara'').

Abundio Martínez (''Entonces le comenzó a arder la cabeza y sintió la lengua trabada: –Estoy borracho –dijo'').

La mujer de Donis, ¡su hermana! (''¿No ve esas manchas moradas como de jiote que me llenan de arriba abajo? Y eso es sólo por fuera; por dentro estoy hecha un mar de lodo'').

Bartolomé (''me imagino que será fácil desaparecer al viejo en aquellas regiones adonde nadie va nunca'', dice Pedro Páramo).

Susana San Juan (''trató de separar el vientre de su cabeza; de hacer a un lado aquel vientre que le apretaba los ojos y le cortaba la respiración; pero cada vez se volcaba más como si se hundiera en la noche'').

Pedro Páramo (''Después de unos cuantos pasos cayó, suplicando por dentro; pero sin decir una sola palabra. Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras.'').

Sí, Comala y Pedro Páramo son uno: la piedra y el polvo, la tumba impasible y silenciosa del tiempo.

En toda la narración de “Pedro Páramo”, no parece que alguien escribiera, simplemente una voz, un rumor, va contando las cosas, y poco a poco descubrimos que el monólogo, la descripción, el sueño, la conversación, los recuerdos, corresponden a toda una vencidad de muertos que relatan sus historias desde el polvo del sepulcro: porque de pronto sabemos que Comala, otrora ''la vista muy hermosa de una llanura verde'', ya no es más que un cementerio, ''sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno''.