lunes, mayo 14, 2012

Tras leer el Manual para asesinar narcisos

Esta tarde, mientras muchos de mis amigos pierden aliento, sosiego y dignidad tras dos hombres grises (uno con bigote y otro calvo, que se disputan el derecho a defraudarnos desde el poder), este que escribe se acostó sobre su cama y se dispuso a leer un Manual para asesinar narcisos (sí, un manual: trae instrucciones) (sí, para asesinar: verso a verso, como sabe hacerlo la poesía) (no, no a aquel Narciso enamorado de sí mismo, ni las frágiles flores que retienen su alma, ni aquel Narciso a quien desaparecieron hombres cobardes y perversos… O quizás sí, todo lo que usted quiera o entienda asesinable). Se trata de la ópera prima de Rossalinna Benjamin, quien con este poemario se ha hecho merecedora del Premio Nacional de Poesía Joven Feria del Libro 2011. Merecido reconocimiento para una poeta con voz propia, que no se ha dejado alienar por la triste y fantasmal generación de la vocinglería que hoy ocupa los espacios de la zona colonial, nicho y parque de poetas y otros especímenes extraños…


¿Y qué podemos encontrar en sus versos?

“Un escondite desierto en la trastienda del hastío: el hombre.”
“Una espera desolada: la hembra.”
“Un pandemonium de rojos, cada vez más intensos: el hambre.”

Y luego

“La fiebre, las alas abiertas, pesadas,
el ruego, el hambre, el hombre, la hembra:
¡nada!”

Después, en la noche repetida de estrellas:

“Niños y perros duermen juntos y revueltos
sin pudor en las aceras mojadas,
arrullados por el crujir de pasos noctámbulos,
luces de neón y el vaho de la marihuana
calcinada entre los labios de los príncipes de seda.”

Y luego, al final:

“Yo (tú, nosotros, él, etc.)
La máscara de la máscara de la máscara
suicidándose contra cada espejo.”

Paradoja de esos Narcisos vacíos y horrendos que todos somos.

Porque, de todas maneras, luego de

“ponernos nombres raros,
agujerearnos por todas partes y jugar a los malditos…”
“Al amanecer el parque también estará vacío.”

Y la poeta (ella, usted, nosotros, yo) tendrá que resignarse, porque:

“Toda una generación, arrastrándose de rodillas, se acerca."

Y entonces, (ella, usted, nosotros, yo)
"Al encontrarme entre ellos me doy cuenta de que es la mía…”

Y
“Al final del espejo solo queda el cadáver de una máscara.”

(Pero
“Antes crecieron allí los narcisos más bellos”).

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